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miércoles, 15 de abril de 2009

Higuereños por el Mundo

RECUERDOS DE INFANCIA Y JUVENTUD


Video precioso que acompañara con su musica al señor Felix mientras nos cuenta sus cosas.




De nuevo tenemos un relato de otro entrañable Higuereño que nos cuenta con gran entusiasmo sus días de infancia y juventud en Higuera de Albalat, es el señor FÉLIX VADILLO TIRADO, que a pesar de la distancia, sigue llevando a sus paisanos y a su pueblo en el corazón.









Amigos paisanos y demás, os quiero dar las gracias por la oportunidad de poder comunicar unos con otros. La buena idea que habéis tenido de montar este blog.
Para mí es un placer leer y ver cosas del pueblo que llevo en el corazón.
Os puedo contar algo de mi vida, por si a alguien le interesa, ya lo hice en otras publicaciones.
Con nueve años, andaba guardando cabras, con doce estaba en el campo de noche y de día, solo, con la única compañía de mi perro, eso duró hasta los diez y nueve. Después, deje aquello, me vine para el pueblo, estuve hasta los veintinueve y que emigré para Francia.
De todo esto los de mi edad lo saben todos.
Momentos difíciles hemos tenido más o menos la mayoría de los de mi época.
Nos ha pasado más de una vez de dar dos kilos de queso por un pan, porque estaba de trasperlo y una arroba de harina valía cincuenta duros, y esto que nadie me lo contradiga, en una ocasión dimos un potro de dos años por diez arrobas de harina, de las cual dimos tres por el famoso perro, para que os deis una idea de lo que valía el pan. Para nosotros, la situación no era tan mala porque con nuestro queso podíamos comprar una arroba de harina por semana.
Cuando tenía unos quince años, estaba con las cabras en el corcho y me pasaron unas cuantas anécdotas, os voy a contar una de ellas, claro, esto sería mejor si se pudiera ver. Resulta que el vaquero, un hombre que se llamaba tío Pascual, me dijo que había una culebra en el bardo del chozo, que con la leche se iba a hacer muy gorda y así fue.
Un día que andaba por ahí, fui a beber, entro yo en el chozo, cogí el barril y según estaba bebiendo « a galro », como decíamos, vi la culebra justo encima, estaba dormida, lo solté todo, cogí la segureja que tenía debajo de la cama (si se puede llamar así en un chozo) « a joìa, te voy a arreglar el jato » la pegué con la segureja, pero, lo que no pensé es que se iba a caer encima de mí pescueso, me tire al suelo y cuando me quise levantar se había metido debajo de la cama, la estuve buscando pero no la encontré.
Lo que es cierto, es que me pegó un susto de muerte.
Tampoco quiero olvidar a mi madre que varias veces a las tres de la mañana, no se había acostado porque yo o alguno de mis hermanos, habíamos llegado con los pantalones rotos. Los lavaba, los ponía a secar y después los cosía, si no lo hacía así, al otro día, tenías que ponerte los que tenías para los domingos. Aunque, como ya he explicado, ni en casa estaba, pero mí padre me había comprado unos « zajones », que reservaban y cuidaban mucho, seguro que aprovecho cuando vendimos ganado para comprarlo ; que vendíamos como todos en Santiago (Casatejada).
Para terminar, os voy a contar una de las varias que hicimos (eran todas similares…) con mi quinto Fabián, las ideas salían más veces de él que de mí? todo hay que decirlo. Los lobos se comieron algunas cabras por « enrearme » con él.
Resulta que un día, iba por el frontal que era dónde vivía, y vino a verme como siempre, traía unos cargadores de balas de fusil, parece ser que fuera para recuperar la pólvora para los cartuchos, estuvimos por allí y después de un rato nos bajamos a la casa, nos pusimos a la lumbre, y me dijo « quinto, vamos a armar una fiesta », tira las balas a la lumbre, nos salimos, cerramos la puerta y la escuchamos : parecía la guerra, cuando se calmó, abrimos la puerta, no se podía entrar, no había quedado ni lumbre, estaba todo llenito de humo.
El polvo de las balas se había pegado en las paredes y como estaban lucidas de tierra se habían llenado de pequeños « despostillones ». Tuvimos que esperar que se fuera el humo para entrar y limpiar, teníamos unos nueve o diez años.
Una pena que no esté, le gustaba tanto contar las piratadas que habíamos hecho… que como lo dije no eran mejores las unas que las otras…


Félix Vadillo Tirado













unamasuno

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